domingo, 24 de marzo de 2013


HIJOS EN LIBERTAD
En este libro, Neill responde a las preguntas de los padres confundidos sobre el grado de libertad a dar a sus hijos. Descubrir estos límites y aprender a comunicarse es uno de los principales retos que deben afrontar los padres y este libro se propone ayudar en la búsqueda de este objetivo.
Neill explica que muchos padres no fueron capaces de entender que esa liberad que él pregonaba se aplicaba tanto a los padres como a los hijos (y a los profesores), por lo tanto el libertinaje vendría a darse cuando una de las partes trasgrede la libertad ajena. Por ejemplo, se consideraría libertinaje si un niño toma cosas de sus padres sin permiso o rompe los vidrios del hogar. Y sería libertad si un niño decide leer en casa en vez de ir a la Iglesia u opta por no bañarse en una semana. Sin embargo, cuando trata casos de libertinaje, el autor siempre hace algunas precisiones. Que un niño de 3 años tome algún objeto de sus padres no es lo mismo que si lo hace un adolescente de 13. En el segundo caso (o sea, cuando los actos de libertinaje son cometidos por jóvenes que comprenden lo que están haciendo), más que castigar o repetir normas, Neill recomienda profundizar en las conductas de los hijos. En una de las cartas enviadas una señora manifiesta molestia porque su hija grita constantemente durante las conversaciones. Los padres ya le han explicado que su conducta es molesta, pero la niña sigue haciéndolo, por lo que le pide sugerencias al autor. Neill responde:


“El método represivo es inútil e implica una pérdida de tiempo. Me parece que su hija se siente inferior, un estorbo en la familia, y es muy posible que se trate de una protesta constante contra su postergación. ¿Pero por qué se inquieta por lo que, al fin y al cabo, es un problema de segundo orden? ¿Se preocupa por el adoctrinamiento que su hija recibe en la escuela o en la iglesia? Alguna vez se sienta tranquilamente a pensar: ¿por qué mi hija se muestra rebelde y desdichada?


Profundicen, señores, profundicen y dejen de preocuparse por los que no son sino síntomas exteriores de conflictos internos. Procuren llegar al fondo de las cosas, al meollo de la vida, más allá de los detalles convencionales que son efímeros y minúsculos. Su pobre chica tiene un agravio, una protesta, un infortunio que les oculta” (pág 33).


Además de enfocarse en los problemas de fondo, llama la atención lo que el autor menciona como “actitudes antivida”, que vendrían a ser la causa del excesivo descontrol de algunos jóvenes. Entre estas actitudes se encuentran, por ejemplo, la exigencia de modales, de permanecer limpio, educar a los niños con la visión de que el sexo es algo malo y pecaminoso o pautas morales rigurosas. Neill las ha nombrado así (antivida) porque considera que estas represiones impiden al niño ser él mismo y, por lo tanto, vivir tranquilo.


Neill también se opone a enseñar a los niños algún tipo de doctrina o religión, pues estas enseñan a las personas cómo vivir y nadie debería decirle a otro cómo hacerlo. El hecho de que sean niños no significa que podamos modelarlos a nuestra imagen y semejanza.Así también se hace mucho énfasis en permitir que los chicos elijan su propio camino en cuánto a la profesión.




1 comentario:

  1. Referencia: Hijos en Libertad, Alexander Sutherland Neill. Ed. Gedisa. 3ª Edición. 1980.

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